viernes, 2 de septiembre de 2022

DONDE ME LLEVEN MIS ZAPATOS.

Una vez más, empezamos el día discutiendo. Ya eran 12 años de
ataduras y servilismo. Pero no podía quejarme porque siempre  soltaba la misma ristra de refranes que me sacaban de mis casillas:

Zapatero, a tus zapatos.

Y yo, humillada ante sus _amiguetes_, me veía relegada a la cocina para prepararles puntualmente su comida.

Cuando ya tenían los platos llenos, mi marido no dudaba en mandarme de nuevo a cualquier sitio menos a su lado. Los amigos le amonestaban, pidiendo mi presencia allí pero él  respondía siempre con otro de sus refranes favoritos:

Molesta como piedra en el zapato.

Y en nuestras trifulcas casi diarias, no dudaba en decirme aquello de que no le llegaba  ni a la suela de sus zapatos, enalteciéndose como si fuese un gran señor, mientras que yo, a su lado, era una personita insignificante que solo valía para tareas domésticas o caprichos corporales.

Mil veces me planteé escapar de su lado, incapaz de soportarlo por más tiempo. Y cuando se lo decía, recibía la amenaza por respuesta.

Pero él sí se ausentaba muchas noches de la casa sin dar explicaciones.

Volvía a veces ebrio y al día siguiente desaparecía de nuevo sin dejar rastro. Cada vez llegaba menos dinero a mis manos y no sabía en qué otro lugar se quedaba, aunque comencé a sospechar…

Y una de aquellas noches, en las que el sueño se negaba a ayudarme, desde mi alcoba matrimonial escuché siseos, y hasta gemidos. Pensé que sería el perro llamando al del vecino. Pero cada vez esos gemidos iban en aumento.

Me levanté de la cama, cubrí mis pies con las chanclas y el cuerpo con una bata. Con sigilo me dirigí al lugar de donde escuchaba aquellos sonidos. Y…

¡Allí estaban, en el dormitorio que habíamos reservado para las ocasiones en que nos visitaran las familias o amigos! Sí, claramente pude distinguir, a la tenue luz de una linterna diminuta, dos figuras que retozaban en la cama al ritmo de risas y gritos de gozo. No lo dudé. Eran ellos: mi marido y su amante de turno.

Los increpé a ambos empleando todo el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

– ¿Qué es esto? ¿Por qué está aquí esta descarada? –inquirí con toda mi furia.

Ella soltó una carcajada y respondió tranquilamente:

 Zapato de tres, de la primera que llega es.

Siguieron su periplo sexual como si yo no fuera nadie.

Azotada cruelmente por el dolor y la rabia marché de nuevo a mi habitación. Imploré al Cielo que me iluminara con alguna idea para salir de este infierno.

Y cuando los ojos se me secaron, la luz acudió a ellos. Antes de que saliera el sol y se complicara mi huida, me dispuse a preparar una pequeña maleta con la ropa más precisa. Cogí mi móvil y la documentación, eché la última mirada a la que fuera mi casa durante tantos años, y, decidida a no volver la vista atrás, salí corriendo lo más veloz que pude para alcanzar la carretera que me alejara de esas personas que tanto daño me estaban haciendo.

No había andado ni 3 kilómetros, cuando detrás de mí, sonó una potente voz masculina, que me sobresaltó. Volví los ojos y encontré la mirada turbia e iracunda de mi esposo. Sus palabras resonaron en el campo como los truenos de una gran tormenta:

– ¿Adónde vas, desgraciada? Vuelve a tu sitio que es lo que debe hacer una mujer de su casa.

Me negué, tratando de soltarme de aquellas garras que me sujetaban los brazos fuertemente. Lo empujé hasta hacerle tambalearse y cayó al suelo, dando su cabeza contra una piedra.

Bramó, me maldijo, y yo seguí negándome a volver a su lado. Entonces recordé otro refrán que no vacilé en espetarle:

A la fuerza, ni el zapato entra.

Eché a correr de nuevo, dejándole blasfemar a gusto pero mirando a todas partes por si me seguía. Creo que más que correr, volaba, porque ni siquiera me di cuenta de que esa mañana no me pesaban los pies como otras veces. Cuando dejé de oír sus gritos me tranquilicé. Frené el paso y al borde de la carretera me paré para tomar aliento y un poco de agua fría que llevaba en la mochila. Nadie pasaba por allí y mi temor era no poder alejarme demasiado del lugar.

Pensé en subir al primer auto que me llevara a otro lugar. Pero me daba terror tanto si el chófer era conocido, como si no lo era. Siendo del pueblo, seguramente diría hacia dónde me había dirigido y pronto me encontraría mi marido. Si era un desconocido quien me ofrecía ayuda… ¿Dónde iría a parar? NO tenía experiencia de la vida; nunca salí de mi aldea natal. Allí me crie y casé; allí empezó mi sufrimiento al lado de un hombre sin corazón. Y precisamente, de ese lugar quería huir para siempre.

Las horas pasaban angustiosas para mí, sin ver un alma por los alrededores. Hacia las seis de la tarde, escuché un ruido de motor cada vez más próximo. Me asusté pensando si sería nuestro coche. Pero al tenerlo ante mis ojos vi que era el de una patrulla de policía. Se bajaron y me interrogaron para averiguar dónde iba.

–¿Podemos ayudarle en algo, señora?

Dudé si contarlo todo o rechazar su ofrecimiento. Temía que me estuvieran siguiendo haciendo cumplir las órdenes de búsqueda de aquel hombre que se empeñaba en poseerme a toda costa.

–Pues… no, gracias, no necesito más que una cosa, y ahí creo que ustedes pueden intervenir en mi favor. Pero temo a mi marido –les dije temblando: Deseo alejarme de él para siempre, por lo tanto, les ruego que no me busquen más.

Uno de los policías escribió algo en su Tablet, y después me aseguró que no iban en mi busca, sino en acto de servicio. Volvieron a ofrecerme su ayuda, y yo se lo agradecí pero desistí.

El otro agente, que hasta ese momento no había despegado sus labios, preguntó:

–Señora, ¿no sería mejor venir con nosotros y poner denuncia en la comisaría si tan mal le trata su marido? ¿Qué va a hacer, sola y sin protección alguna? ¿Dónde piensa ir a pasar la noche?

¡Donde me lleven mis zapatos! –respondí, tajante y segura de mí misma-. Son viejos y están desgastados pero confío en que todavía sirvan para alejarme de aquí definitivamente.

María Jesús Cañamares Muñoz



viernes, 26 de agosto de 2022

SEÑORA DESPOBLACIÓN

 Llevo varios años rechazando una posible visita que en absoluto deseo.
Pero me veo impotente para enfrentarme sola a ella.

La señora Despoblación quiere venir a Fuentenava de Jábaga –como ha ido a tantas zonas de España- y vaciar aún más el país. Corre a toda prisa, avanza a ritmo vertiginoso. Y si no le ponemos freno… ¡llegará!, ya lo creo que llegará. Navalón, Sotoca, Fuentesclaras, Villar del Saz y Jábaga forman esta mancomunidad que intenta por todos los medios no dejar marchar a nadie más.

Me duele, y mucho, cuando oigo a los nativos del lugar, que marcharon a la gran ciudad en busca, al parecer, de mejor porvenir decir: “¿pero qué tiene el pueblo que no tenga la ciudad?”, “¿cómo podéis vivir ahí si no hay nada?” O aquello de: “Yo me ahogaría en el pueblo sin alicientes, ni tiendas, discotecas o zonas de ocio”…

Entonces les recuerdo que de aquí eran sus abuelos, padres, y demás familiares, e, incluso, ellos mismos.

Que nuestros antepasados fueron campesinos, ganaderos, obreros de la construcción, resineros, tejeros. Que vendimiaban, segaban la mies o arrancaban los cardos a golpe de horquilla y hoz con las manos llenas de callos por sujetar las empuñaduras de aquellas herramientas. Y nunca abandonaron su lugar de origen ni se quejaron de tedio porque el poco tiempo libre del que disponían, lo pasaban en la taberna jugando al dominó y la baraja; o, simplemente, acudiendo al salón del baile para mover el cuerpo al son del acordeón que tocaba Eloy el ciego en las tardes de fiesta.

Y todos eran felices; estaban tan estrechamente unidos a sus raíces, que nunca oí a ninguno de ellos decir que se sentía solo.

Es ahora, en pleno 2022, cuando, con todas las comodidades de las

capitales; las nuevas tecnologías que ya se han instalado en los hogares más sencillos, la moderna maquinaria que trabaja rápida y eficaz, sustituyendo a la mano del hombre. Es ahora cuando _sí oigo a la gente decir que se siente solo. Los niños ya no ocupan las calles con sus juegos y algarabías como en el pueblo, sino que van a los parques de la ciudad, custodiados por abuelos, niñeras o padres; y a ser posible, sin mezclarse con otros niños desconocidos. Los jóvenes ya no juegan a las cartas; móviles y tabletas son sus compañeros inseparables. Los mayores no salen a la puerta de casa dispuestos a charlar con los vecinos; permanecen en sus hogares consumiendo el tiempo con lo que la televisión les quiera dar. Las consultas de psicología o psiquiatría; clínicas de fisioterapia o quiromasaje, están a tope con pacientes aquejados de dolencias causadas por el estrés. EL pequeño comercio se ve obligado a cerrar debido a que Internet y los grandes almacenes se encargan de facilitar las compras y llevarlas a domicilio. Esa es la vida en la ciudad, mientras los pueblos, paradójicamente, se van llenando de casas reformadas o nuevas pero solo habitadas en los meses estivales cuando la gente huye del calor de las capitales.

Entonces, ¿qué tiene el pueblo que no lo hay en la ciudad?:

Calidad de vida, tranquilidad, y, sobretodo, tus, nuestras raíces más profundas.

Por eso, quejarse de que los pueblos no tienen nada es hablar por hablar.

Mirando al futuro, no muy lejano, me vienen a la mente varias preguntas, pero ninguna respuesta:

Cuando los robots se encarguen de limpiar oficinas y hogares.  Los ordenadores más potentes incorporen herramientas que les permitan pensar por nosotros y tomar decisiones. Cuando no haya necesidad de viajar para descubrir el mundo porque con solo un clic lo tengamos todo en pantalla. Cuando esos mismos ordenadores se encarguen hasta de servirnos la compra en casa o se conviertan en profesores de nuestros hijos sin necesidad de llevarlos al cole, ¿qué haremos con los jóvenes en edad laboral? ¿Cómo y dónde emplearemos nuestro tiempo bien sobrado? NO tendremos excusa para abandonar estos lugares de encanto.

Porque en Jábaga por ejemplo, tenemos una estupenda Asociación de vecinos gestionada por jóvenes ilusionadas que todo el año procuran buscar actividades de entretenimiento. Han logrado revivir algunas de las tradiciones perdidas, como puede ser el canto de los mayos. O la procesión del Cristo el 14 de Septiembre. En febrero invitaron a todo el pueblo y a sus visitantes a vestirse de Carnaval y recorrer las calles. Han conseguido que una profesional ofrezca clases de yoga durante todo el año de forma que tu cuerpo se ponga en forma en el momento que quieras.  Y cada Navidad, invitan a los reyes magos a venir a esta localidad para dejar regalos a los más pequeños.

Puedes traer invitados a la casa rural Figueroa, que cuenta con las más modernas instalaciones de las que puede presumir un local de este tipo: piscina climatizada, sala de fiestas, etc. O disfrutar del polideportivo con campo de fútbol, pista de pádel, piscina para verano… También puedes endulzar tu vida y darle gusto al paladar con los chocolates producidos de forma artesanal en su fábrica Abadía de Jábaga…

En Villar del Saz, en pleno invierno, disfrutaréis de sus fiestas en honor a San Sebastián. Con bailes regionales y el regalo de un panecito de caridad y vino. Y como son muy fiesteros, también el 15 de Agosto te invitan a celebrar la Asunción de la Virgen, que al ser en verano, cuenta con mayor afluencia de público.

Tienes un mercadillo artesanal medieval donde podrás comprar productos hechos por los propios vecinos.

Y si vienes a Navalón puedes visitar, la Iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, del siglo XVIII con una gran pila bautismal gótica y de piedra.  Una imagen de la Inmaculada Concepción de Olot. También el 15 de agosto celebran sus Fiestas patronales la Asunción de la Virgen. Y el 15 de mayo: San Isidro. Igual que Jábaga, honran el 14 de septiembre Al Santísimo Cristo.

Sí, ya sé que te preocupa el tema Internet. Tranquilo, tranquila.  Porque recientemente hemos instalado fibra óptica en toda la Mancomunidad para que no te falte de nada.

En Jábaga, su núcleo, Hay escuela infantil, parques, salas de ocio, biblioteca… Y con todo esto, ¿todavía piensas que no hay nada?

Puede que sea ilusa pero aún concibo la esperanza de que Fuentenava de Jábaga vuelva a llenarse de habitantes dispuestos a no dejar entrar a la señora Despoblación.

María Jesús Cañamares Muñoz



sábado, 20 de febrero de 2021

CARTA DE UN PERRO GUÍA A SU DUEÑO

Amado amo:

¿Conoces la dimensión y formas de este verbo precioso? A mí nadie me enseñó a conjugarlo, aprendí a lo largo de mi corta vida, y te lo voy a demostrar.

Yo amo, sobre todo a ti que cada día me das el alimento, la compañía, y todo lo que necesito. Amo a los niños que se me acercan y me acarician; la vida a tu lado prestándote mis servicios para que te sientas protegido de todo obstáculo. 

Yo he amado, a mis progenitores, entrenadores, a todo aquel con quien he convivido.

Yo amaba, creo que desde el vientre materno, ya


conocía el amor, amaba y ansiaba ser amado. 

Yo había amado, dicen que antes de esta vida hemos pasado por otra anterior, y no me cabe duda, de que yo ya había amado antes, este gran instinto que es el amor, lo llevo dentro de mí desde hace mucho tiempo.

Yo amé, al taxista que me negó la entrada en su coche; a ese niño que me dio una patada como si fuera un balón. Amé porque mi carácter noble me impide odiar.

Yo hube amado, porque el amor es lo más grande del ser, lo más bonito de uno mismo.

Yo amaré, te amaré hasta el infinito, sin esperar nada a cambio. Daré mi vida por la tuya, mi amo.

Yo habré amado, lo verás, cuando el Ser Supremo nos separe, sabrás cuánto te hube amado, y yo sentiré la satisfacción de haberme entregado por completo a ti.

Yo amaría, así sería si volviera a nacer y a ponerme a tu servicio o al de cualquier otra persona. volvería a daros todo mi amor.

Yo habría amado, NO lo dudes, aunque no fuese correspondido. 

Yo ame, solo deseo que el amor permanezca siempre intacto en todos nosotros, que yo ame y los demás también. 

Yo haya amado, cuando el mundo se acabe y nos reencontremos en otro mejor, ¡será hermoso ver que hemos amado!

Yo amara, me lo pidieron mis padres y maestros. Y así lo estoy cumpliendo firmemente.

Yo hubiera amado, aunque nadie me lo hubiese pedido, aunque no me amen a mí.

Yo amase, si mis antepasados te hubiesen conocido, si supieran que estoy a tu servicio, estoy seguro de que me habrían exigido que te amase. Porque amándonos unos a otros la vida no conocería maldades ni mentiras; odios ni rencores...

Yo hubiese amado, en cualquier lugar, a cualquier semejante. Porque el amor no tiene edad, ni tiempo, ni tamaño, no distingue razas, ni sexo, es ciego e inconmensurable.

Yo amaré, amaré y amaré, siempre te seré fiel mientras me quede vida.

Yo hubiere amado, y te hubiere dado lo que más necesitas: independencia. Lucharé cada día por ti y por mí sin descanso.


Ama: ¡exígemelo cada vez que me enfade!; cada vez que me descuide en mis labores... Soy todavía joven y puedo despistarme.

No ames, es en lo único que no obedeceré. Porque pedir a alguien que no ame, sería decirle que odie. Jamás me pidas esto, sería mi mayor castigo.

Solo quiero decirte que vivo amando y moriré habiendo amado.

Seudónimo: Randy

domingo, 14 de febrero de 2021

Jábaga, ¡qué bello eres!

Bello y majestuoso; así luces tu imagen, con tus

callejuelas de antaño convertidas en calles perfectamente asfaltadas. 

Con tu Iglesia Parroquial de estilo románico. 

Tus ermitas también romanas de san roque y san Bartolomé. 

La extensa dehesa poblada de robles y pinos, que es tu mayor riqueza natural.

Tal vez, inmersa en el dolor por la pérdida de un ser querido, mi padre, que, igual que el resto de la familia, nació en tu seno y descansa en tu camposanto, no sea ésta la carta perfecta que te exprese la dimensión de mi amor por ti.

Como hija y vecina, te adoro. 

Has sido mi cuna y quisiera que me acogieras en tu seno para mi último descanso. 

En estos momentos de ausencia forzada por las


circunstancias que me rodean, te añoro, te extraño, te lloro ¡y te quiero más que nunca!

Ansío volver a pasear por tus caminos rústicos, de bellos paisajes, sombreados por esos pinos, encinas o robles centenarios plantados por mis antepasados con sus propias manos y con todo el cariño posible. 

Anhelo respirar ese aire puro impregnado de fragancias de romero, jara, tomillo o la resina de los pinos, que despiertan mis sentidos. 

Pero a la vez, el patente declive de tu población, me duele; me duele como una gran espina clavada en el corazón. 

La impotencia para frenarla me pesa como una losa marmórea inamovible. 

Y los recuerdos de tiempos pasados pero mucho más felices me arrebatan el sueño de la noche y la paz del día. 

Me veo de niña corriendo por tus callejones y jugando por los corrales. 

Me veo en la escuela peleando con otros niños. 

O en la era de mis abuelos envuelta entre el trigo y el polvo; revocándome en un carro o montando en Manolo, el burro paciente y bueno de mi abuelo Constantino. 

Y todos estos recuerdos y añoranzas me ayudan a pasar los días, las semanas, los meses fuera de tu seno, contando las horas que faltan para volverte a ver. 

Sueño con ese día en que la imponente escultura de Don Quijote, me recibirá a la entrada anunciándome que estoy de nuevo en mi pueblo. 

La distancia que hoy nos separa me parece abismal pero mi amor hacia ti es inconmensurable.

Y vivo constantemente pensando en ti, porque vivir así, ¡es morir de amor!

María Jesús Cañamares Muñoz

lunes, 4 de enero de 2021

FELIZ 2021

 Muy feliz año a todos y a todas: que al menos este año podamos volver a abrazarnos y pasar muchos ratos juntos. os deseo todo lo mejor.


Y como hoy cumpliría años Louis Braille, inventor del sistema de lectoescritura para ciegos más usado en el mundo, aquí os dejo un 
Fotografía de la entrevista
reportaje que ha hecho el gabinete de prensa de la ONCE para agasajarnos al Braille y a mí por el premio reciente que gané.


El enlace lleva también a varios audios, declaraciones mías sobre ese sistema que se oye muy mal pero un oyente sí puede oirlo.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Queridos seguidores, amigos y familiares:

Aunque desgraciadamente este año no es como los anteriores llegadas


estas fechas, no por ello quiero dejarlas pasar sin mi felicitación para
todos vosotros, deseándoos lo mejor del mundo para el año que viene.

Mucho ánimo, la vacuna está en camino y entonces sí podremos dar abrazos
y besos. ¡Felices fiestas!