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domingo, 26 de abril de 2026

Puntos que vencieron a gigantes. ¡Otro premio! Otorgado a María Jesús por el Consejo Territorial de la ONCE de CASTILLA LA MANCHA

Puntos que vencieron a gigantes

Don Quijote despertó aquella mañana con la sensación de que alguien había bajado el telón del mundo sin pedir permiso. Parpadeó. Nada. Volvió a parpadear, con furia de caballero ofendido. Nada otra vez. El sol, ese traidor, no acudía a su cita. Las sombras no

existían. El día había sido desterrado.

—Sancho —dijo, y su voz buscó la estancia como un bastón torpe—. Sancho amigo, acércate, que temo haber sido vencido por un encantamiento de los más crueles.

Sancho Panza se rascó la barriga y se acercó, oliendo a pan reciente y a preocupación vieja.

—¿Encantamiento? Pues huele más a desgracia que a hechizo, señor. ¿Veis algo?

Veo el miedo —respondió Don Quijote—. Y eso, Sancho, no lo vi jamás ni con anteojos.

Le confesó entonces, con palabras que se le rompían como platos, que no veía las nubes ni el humo del guiso; que el rostro de los hombres se le había vuelto una idea; que el mundo era ahora una carta sin tinta. Pero lo que de verdad le apretaba el pecho no era tropezar con las piedras, sino no poder escribir a Dulcinea ni leer las cartas que ella, en su infinita misericordia, le enviaba desde el reino de los sueños.

¿Cómo amaré, si no puedo escribir “te amo” con la mano temblorosa? ¿Cómo sabré que me ama si no leo su letra, que es como verla caminar?

Sancho carraspeó. Tenía respuestas prácticas para casi todo, menos para el dolor ajeno.

—Señor, el amor no se lee con los ojos, sino con lo que uno se juega el pellejo. Pero entiendo el apuro. Sin cartas, el corazón se queda analfabeto.

Decidieron entonces emprender camino. Don Quijote, terco como lanza, juró que no se quedaría encerrado a oscuras. Sancho, sensato a ratos, propuso ir a Francia, a la casa-museo de un tal Louis Braille, hombre que había hecho hablar a los puntos.

¿Puntos que hablan? —preguntó el caballero, frunciendo un ceño que nadie vio—. Si hablan, que digan verdades.

El viaje fue largo. Don Quijote caminaba contando pasos como quien reza, y Sancho le narraba el paisaje con exageraciones útiles.

—A la izquierda hay un campo tan verde que hasta da hambre. A la derecha, un molino que hoy no parece gigante, pero no me fío.

—Descríbeme las nubes —pedía Don Quijote—, aunque mientas un poco.

—Son como ovejas que se olvidaron del pastor —respondía Sancho—. Blancas y desordenadas, como mis pensamientos.

En Francia, la casa-museo olía a madera vieja y a futuro. Les hablaron del niño Louis, que perdió la vista y ganó el mundo. Les pusieron en las manos un papel sembrado de puntos. Don Quijote pasó los dedos, desconfiado.

—Esto no es escritura —sentenció—. Es un mapa de estrellas caídas.

—Pues esas estrellas leen —dijo Sancho—. Y sin pedir permiso a los ojos.

Don Quijote no se ilusionó de inmediato. Se enfadó un poco, que era su manera de tener miedo.

—He nacido para letras largas y palabras con bigote —gruñó—. ¿Qué será de mis cartas, reducidas a hormigas?

Sancho, sorprendentemente serio, respondió:

—Será lo mismo de siempre, señor. Amor en otro traje. Además, dicen que hay tecnologías nuevas: voces que leen, máquinas que escriben solas, cacharros que hablan más que yo.

Don Quijote soltó una risa seca que acabó en suspiro.

—No temo a aprender —dijo—. Temo a olvidar quién soy. Si mi mano no dibuja las letras como antes, ¿seguiré siendo caballero?

Le enseñaron a leer un nombre. No el suyo. “Dulcinea”. Tardó. Sudó. Se equivocó. Pero cuando sus dedos reconocieron el orden secreto de los puntos, lloró en silencio, como lloran los valientes.

—Sancho —murmuró—, estas letras no se ven, pero se sienten. Como ella.

De regreso a España, el trayecto fue distinto. Don Quijote caminaba más erguido. Ya no pedía que le describieran todo. Tocaba el aire y sonreía. Por las noches, Sancho lo oía practicar, punto a punto, palabra a palabra, como quien reza una novena al tacto.

Al llegar, se sentaron bajo un árbol que el caballero no vio, pero reconoció por el rumor de las hojas.

—Sancho —confesó al fin—, no quiero engañarte. Estoy totalmente ciego.

Sancho tragó saliva.

—Ya lo sabía, señor.

—Pero escúchame bien —continuó—. Estoy ciego de amor. Y ese mal no se cura con vista. Se aprende a leer con las manos, con el pecho, con la vida entera.

Sacó una carta. No tenía tinta. Tenía puntos. Sancho no supo leerla, pero supo sentirla.

 María Jesús Cañamares Muñoz



lunes, 4 de enero de 2021

FELIZ 2021

 Muy feliz año a todos y a todas: que al menos este año podamos volver a abrazarnos y pasar muchos ratos juntos. os deseo todo lo mejor.


Y como hoy cumpliría años Louis Braille, inventor del sistema de lectoescritura para ciegos más usado en el mundo, aquí os dejo un 
Fotografía de la entrevista
reportaje que ha hecho el gabinete de prensa de la ONCE para agasajarnos al Braille y a mí por el premio reciente que gané.


El enlace lleva también a varios audios, declaraciones mías sobre ese sistema que se oye muy mal pero un oyente sí puede oirlo.

domingo, 26 de julio de 2020

EL BRAILLE: UN PUNTAZO EN EL CONFINAMIENTO.

Llevamos demasiado tiempo encerrados en casa por culpa de una pandemia que asola al mundo entero. No podemos ir de compras, ni acudir a tertulias o eventos sociales que antes nos permitían relacionarnos con los demás. Hace unos meses no teníamos tiempo para ver  televisión, llamar a un familiar interesándonos por su salud, jugar con los niños… 

Ahora, ese tiempo nos sobra. Sin embargo, las vías para comunicarme con la gente en la distancia me  resultan frías, aburridas. Las voces sintéticas de mi ordenador me molestan.  Prensa y televisión ofrecen una desmesurada información con cifras horrendas de fallecimientos y contagios. NO  soporto los what ssap que me envían con vídeos y fotos que no puedo ver, carentes de textos,  y muchas veces, con bromas de mal gusto. Pero, ¿cómo puedo llenar estos días de soledad obligada? Mi mente está oscura.

De repente, un gran genio llamado Louis Braille, inventor del sistema de lectoescritura táctil que lleva su nombre, basado en tan solo 6 puntos en relieve, y que sacó del  analfabetismo a tantos invidentes hace ya dos siglos.. A mi me trae un rayito de luz:

-¿Dónde están aquellos libros que compraste con la colección “Un libro al mes”, y que dejaste de leer cuando te sumergiste en las tecnologías? ¿Y esas carpetas que contenían tus más íntimos recuerdos de niñez y adolescencia?

¡Bravo, gracias a las sugerencias de Louis, tendría material para entretenerme durante varias semanas! Inmediatamente desconecté la televisión y el ordenador. Subí al trastero de mi vivienda y en cuestión de minutos tuve en mi habitación aquellas cajas llenas de libros, carpetas y recuerdos. Cogí un CD con música relajante y lo dejé sonar.

¡Oh, la carta de Julia, maestra rural del pueblo! Con el alfabeto en mano, ella sola se auto enseñó el Método Braille, y me envió esa misiva que tantos quebraderos de cabeza me dio, al colegio donde yo estudiaba. Intenté leerla en varias posiciones: vertical, horizontal, en perpendicular, pero era imposible descifrarla. Estaba escrita con regleta y punzón, y tras varios intentos llegué a la conclusión de que Julia la había escrito de izquierda a derecha, tal como los videntes escriben con bolígrafo. Por lo que yo debía leerla al contrario, de derecha a izquierda. Tarea ardua con final feliz, ya que pude enterarme de su contenido.

En este otro compartimento, están los interminables ejercicios matemáticos, con ecuaciones y cálculos que Tomás, mi profesor, me ponía,  y que siempre fracasaba con ellos. Ahora pienso cómo sería hacer esos ejercicios en un ordenador. Seguramente, me resultaría imposible, porque no soy capaz de manejar las filas, celdas y columnas del Excel.

Sigo pasando el dedo por los folios, y una carcajada sale de mi garganta resonando en la estancia. ¡Aquí está el trabajo de Pepe! Se lo puse cuando tuve la dicha de ocupar una plaza como monitora de Braille en la Agencia de la ONCE de Cuenca. Debía escribir 5 palabras relacionadas con el código... Una vez acabó me tendió la hoja: Punzón, papel, Perkins, regleta y…

 -Falta una –le dije sonriendo-.

Leyó varias veces las palabras, insistiendo en que estaban correctas, pero ante mi tenaz negativa volvió a entregarme el papel para que  lo repasara de nuevo.

-Falta una. Aquí pone “puta”.

El sonrojo de Pepe y las risas de todos nosotros hicieron historia. Involuntariamente nos regaló uno de los mejores ratos del curso de aprendizaje y yo decidí guardarme aquella reliquia tan divertida.

Sigo leyendo papeles, y a la vez, escucho la música que me reconforta cada vez más. Entonces me doy cuenta de que si en lugar de leer en Braille lo hiciera con los sintetizadores de voz, sería imposible escuchar ambas cosas a la vez, ya que el sonido entraría por el mismo altavoz. El Braille y la tecnología no están reñidos; si van de la mano, si se complementan debidamente, pueden ayudar más y mejor a la persona ciega para formarse, y ser más autónoma. Pero hay situaciones, como la que ahora comento, en que debemos optar por un sistema u otro.

  ¿Y esto, qué es? ¡Ay, aquí está mi librito con los misterios y la letanía del Santo Rosario! Así titulé a ese manuscrito hecho por mí misma con la ayuda del dictado de mi madre. Lo acaricio y tomo la firme decisión de rezarlo cada día después de haber salido a la terraza para aplaudir con toda mi fuerza a los sanitarios y personal que velan por nuestra salud y lo dan todo por salvarnos del coronavirus.

Levanto la tapa de mi reloj, y en su esfera marcada en Braille, leo: las ocho menos cinco. A esta hora, lo dejo todo. Aplaudo con ganas durante un buen rato. Vuelvo al dormitorio y, rosario y libro en mano, rezo fervientemente pidiendo a Louis que interceda ante el Padre, por todos esos enfermos que sufren, familiares que temen por sus vidas, personal sanitario que aun a riesgo de contagiarse, no cesa en su labor incansable para curarlos.

Termino mis oraciones; ceno cualquier cosa, y me meto en la cama con un libro escrito en Braille que ya he leído cien veces, pero leeré otras tantas. Una paz interior, un sosiego como jamás he sentido antes, me invade por completo. Y ahora, más que nunca, comprendo cuánto significa el sistema de lectoescritura para mí. Gracias a él, que siempre está a nuestro lado en los momentos que más lo necesitamos, me siento acompañada por los amigos, profesores, familiares y personajes de los libros a través de la lectura.
Y poco a poco, me voy quedando dormida. Espero gozar de dulces sueños.

Un abrazo muy fuerte.

María Jesús Cañamares Muñoz

jueves, 2 de mayo de 2019

El sueño hecho realidad de la escritora sordociega María Jesús Cañamares

El sueño hecho realidad de la escritora sordociega María Jesús Cañamares

 El presidente de la Diputación, Benjamín Prieto, ha resaltado de la autora de este libro editado por el Servicio Provincial de Publicaciones su valentía, su trabajo incansable y, sobre todo, su espíritu de superación


Presentación del libro de María Jesús Cañamares
"Un sueño hecho realidad". Ésta ha sido una de las frases más escuchadas en el Salón de Actos del Palacio Provincial durante la presentación del primer libro de la escritora sordociega, María Jesús Cañamares, titulado ‘Relatos y punto', que ha sido editado por el Servicio Provincial de Publicaciones de la Diputación de Cuenca y ha visto la luz dentro de los actos de la Feria del Libro Cuenca Lee 2019.
Y es que todos han coincidido, desde el presidente de la Diputación, Benjamín Prieto, hasta el delegado territorial de la ONCE en Castilla-La Mancha, Carlos Javier Hernández Yebra, pasando por el delegado de la ONCE en Cuenca, Javier Martínez Eslava, en destacar el ejemplo de valentía, trabajo incansable y espíritu de superación que representa esta conquense sordociega, que ha visto cumplido uno de sus grandes sueños: ver publicado su primer libro.
Ante un abarrotado Salón de Actos, Prieto, que no ha dudado en asegurar que ésta es una edición "más que merecida", ha llamado la atención sobre el hecho de que María Jesús Cañamares ha hecho historia, puesto que es el primer libro de una escritora sordociega que edita el Servicio de Publicaciones de la Diputación. Libro que, según ha dicho, espera que solo sea el inicio de otros muchos por venir, porque, por de pronto, tal y como ha recalcado, éste ya se ha agotado, lo que viene a poner de manifiesto la gran acogida que ha tenido esta opera prima entre el público conquense.
El delegado territorial de la ONCE en Castilla-La Mancha tampoco ha escamitado en elogios para esta escritora sordociega, nacida y residente en Jábaga, que, a su juicio, a demostrado con creces su ilusión y determinación para superar cuantos obstáculos se le han presentado en el camino, llegando a lograr este reto y uno de sus grandes sueños; eso sí, para ello, según ha destacado, ha contado con un aliado especial, como ha sido la Diputación, lo que, sin lugar a dudas, es de agradecer.
El delegado de la ONCE en Cuenca, por su parte, no ha sido menos y, además de dejar clara la amistad que le une a la autora, ha subrayado de ella ese leitmotiv que ha marca su día a día y que se resume en ese conocido lema ‘Camina o revienta'. Y es que, según ha señalado, María Jesús ha sido siempre una persona valiente, que no se ha rendido y ha sabido afrontar la adversidad.
Para la autora de ‘Relatos y punto', por otro lado, la presentación de ésta su primera obra supone uno de los momentos más importantes de su vida, de ahí que no haya dudado en agradecer al presidente de la Diputación que "haya creído en mí y me haya tendido la mano para que este sueño se hiciera realidad".
Un libro éste que la autora ha comparado con un parto sin dolor, porque, según ha dicho, se trata del "fruto de mi mente, fruto que se ha gestado durante años y que hoy ve la luz aquí, en esta sala de partos, es como un hijo que os ofrezco a todos para que sea vuestro amigo y os distraiga y entretenga".
Y es que ‘Relatos y punto', según la autora, es libro muy especial, resultado de sus vivencias y experiencias personales, con las que viene a demostrar al mundo que la sordoceguera puede limitar, pero no impedir y que si uno tiene apoyo material y humano puede desarrollar casi al cien por cien todas sus capacidades. Un libro, tal y como ha aseverado Mª Jesús, "sencillo, escrito con poca formación literaria, pero con una gran ilusión y ganas de entretener".
Una obra con un título claro y rotundo, tal y como ha remarcado, aunque con un doble sentido, puesto que con ‘Relatos y punto' se viene a adelantar al lector que lo que se va a encontrar son eso, relatos, y nada de novela o poesía, pero también es un particular homenaje al sistema de lectoescritura basado en puntos, el braille, y a su creador, Louis Braille. De hecho, de entre los 24 relatos incluidos en este libro ha llamado especialmente la atención sobre el titulado ‘El papel del Braille para mejorar la participaci`´on de las personas deficientes visuales en la vida política, económica, cultural, social y familiar', con el que consiguió en el año 2012 el premio del Concurso Europeo de Redacción sobre Braille, promovido por la Unión Europea de Ciegos.
En definitiva, un libro que se convierte en todo un ejemplo de superación y valentía; algo que ha querido reconocer la Asociación Cultural de Sordos de Cuenca haciéndole entrega de una placa con una inscripción, también en braille, que reza "en reconocimiento a tu gran trabajo. ¡Gracias amiga!", a lo que se ha sumado Javier Martínez Eslava anunciado la voluntad de la ONCE de editar este libro en braille y en formato audiolibro con el fin de que pueda ser disfrutado por todos.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Y llegó el día de RELATOS Y PUNTO


¡Inolvidable, irrepetible, inmejorable...…. desbordante por completo!

¡NO tengo palabras para describir el rato que ha pasado desde las siete de la tarde hasta ahora mismo.

¡Me he sentido como una niña recién nacida, arropada, mimada, querida por muchísima gente, incluso a más de la mitad no he podido abrazarlos y bien que lo he sentido.
MI familia y mis más queridos amigos; el alcalde de mi pueblo, el presidente de la diputación y su equipo, mis compañeros sordos que se han portado de maravilla regalándome una placa con una dedicatoria divina y encima escrita en Braille, ¡no me explico cómo se las han arreglado pero sé que con la total complicidad de la ONCE o de algún brujo o bruja de esa casa! la placa dice: 

Acsoc (ASOCIACIÓN DE SORDOS DE CUENCA) EN AGRADECIMIENTO A TU GRAN TRABAJO.
GRACIAS, AMIGA.
CUENCA, 30 abril 2019.

¡POR FAVOR, COMPAÑEROS, AMIGOS, QUÉ SORPRESÓN ME HABÉIS DADO
¿y LOS DE tPÑEDP? ¡aquí QUE SE ME HAN PRESENTADO MIS QUERIDÍSIMOS AMIGOS, cARLOS jAVIER, PEPA Y MERCEDES! Teniendo unas agendas colmadas de trabajo han priorizado para darme un apoyo incondicional, de amigos, como debe ser.....


Y de la gente de la ONCE EN CUENCA he tenido a quienes quería tener, así, sin más. Javier el director, nos ha dejado a todos con la lágrima fuera, Marisa y lucía, como siempre han hecho, apoyándome como amigas, pero también como braillistas totales.

MIs compañeros invidentes que han sido muchísimos me han arropado sin precedentes, hasta mi Randy, perro guía inigualable, que ha venido también a darme más besos que seguramente a su amo....

MI sobrina debutando como intérprete aunque también, lógicamente he tenido a la intérprete oficial de sordos y sordociegos Lucila, que a ratos también ha interpretado lo que ha sido necesario. pero tengo que decir que mi sobrina, para ser la primera vez que interpreta en un acto público, ha tenido un sobresaliente, no por mí sola sino por todo el que la ha visto.


Mis amigos y vecinos del pueblo han sido numerosísimos, yo creí llevarme siempre bien con todos pero no esperaba tal magnitud de apoyo y cariño..... Hasta de Alicante ha venido a abrazarme una compañera escritora también y ciega de 88 años, increíble, no lo esperaba ni de casualidad.

Se han agotado los libros que diputación llevó ayer a la feria del libro, así pues van a tener que editar más si alguien quiere libros porque ni siquiera muchos de los que hn asistido al acto los han podido conseguir.

De la diputación no he podido recibir más cariño y apoyo, ha sido algo que jamás olvidaré mientras viva, porque incluso el presidente mismo me ha llevado del brazo al salón de la presentación, ¿dónde habéis visto esto?

Y los que no habéis podido venir, estoy segurísima de que desde donde estábais me habéis abrazado y apoyado en espíritu. Así que...… ¡gracias, infinitas gracias a todos!


Y a los Javieres, a los tres, deciros que siempre, siempre os voy a tener en mi corazón, y que lo que yo pueda hacer por vosotros no lo dudéis, digo a los tres Javieres, a saber: Javier Rodríguez mi maquetador, Javier Martínez mi director de agencia y Carlos Javier mi director territorial, pero sobre todo, mis amigos.

miércoles, 10 de octubre de 2018

La nueva tarjeta médica del SESCAM incorporará un código Braille

Los invidentes y sordociegos de Castilla-La mancha ya tenemos dado un paso más hacia la autonomía personal gracias al consejo Territorial de la ONCE y a la CONSEJERÍA DE SANIDAD. 

Estamos recibiendo las tarjetas sanitarias con un flamante indicativo en sistema Braille que facilitará por un lado la diferenciación de esta tarjeta con otros documentos guardados en nuestra cartera, y por otro, la autonomía personal, al no depender de nadie para mostrar la tarjeta en ambulatorios, hospitales, o centros de salud. 

Esta presencia del Braille en nuestros documentos es sumamente de agradecer, pues demuestra que el sistema de lecto-escritura lejos de desaparecer como auguraban algunos, se va implantando cada vez en más documentos y edificios.

Es emocionante saber que ya no tendré que pedir a nadie que me busque la tarjeta entre tantas como tengo, que podré mostrarla yo solita donde se me requiera, lo único es que no ponen el número en Braille y eso lo echo de menos pero bueno, se aprende y no pasa nada.

Mis más expresivas gracias a la CONSEJERÍA DE SANIDAD, que deseo transmita nuestra delegada Mari Luz Fernández a quien corresponda. A nuestro presidente del consejo territorial de la ONCE, y a todas aquellas personas que han hecho posible este reto.

jueves, 13 de septiembre de 2018

DESDE EL PARAÍSO DE LOS GENIOS

Apunto de fallarse el resultado del concurso europeo
sobre redacción en Braille, al que una vez más me he presentado "por si acaso", aquí os comparto mi trabajo. Con todo cariño para mis seguidores y seguidoras que espero sean muchos.

DESDE EL PARAÍSO DE LOS GENIOS

Sobre un cielo exento de nubes, alrededor de la mesa camilla bajo cuyas faldas un brasero calienta la atmósfera,  están sentados cómodamente 3 ilustres personajes convocados por El Ser Supremo. Son Valentin Haüy, Charles Barbier y Lous Braille. Difieren en edad pero les unen la generosidad y el altruismo:  

Los tres lucharon contra el analfabetismo y la exclusión social de los ciegos, inventando códigos de lectoescritura táctil. Por eso ganaron la Gloria. El
padre los llama hoy  para reflexionar sobre esos sistemas, porque sabe que todos fueron útiles en su momento, pero también ve cómo desde la tierra, las nuevas tecnologías se van imponiendo, aun cuando no son accesibles para todos.

Van equipados con el material que se usa en  cada código: cartones grandes, papel, pauta, punzón, perkins, tablillas… 

Y el Todopoderoso toma la palabra:

Hijos: Para mí, sois iguales: habéis hecho grandes méritos sacando a muchas personas de la ignorancia y facilitándoles la independencia, educación y acceso a la información. Pero desde la Tierra no cesan de clamarme y pedir socorro:

--¡Señor, ayúdame: se me ha estropeado el ordenador y no puedo leer ni escribir. NO conozco otro medio de hacerlo.

--¡Padre: no permitas que el Sistema Braille deje de existir, soy pobre y no puedo permitirme lujos como un ordenador al que tengo que adaptarle una línea para poder manejarlo! Me veo condenado a la soledad si no escribo o leo en papel, con mi pauta y mi punzón!


-¡Así día tras día,! Y yo, con mi sapiencia y poder, no soy capaz de ofrecer una eficiente solución.
¿Qué podríamos hacer?
  
--Es difícil satisfacer a todos, -dice Valentin- pero mi sistema es muy barato y accesible, solo necesitan pergaminos grandes y plomo. Las letras se colocan en los pergaminos en relieve y con el tacto se distinguen muy bien.
  
--¡Oh, pero eso es muy laborioso y los libros pesan muchísimo –replica Louis echándose las  manos a la cabeza-. ¿Cuántas maletas ha de portar hoy un alumno para llevar al colegio tantísimos textos con las asignaturas que hay? Es imposible, Valentin, reconózcalo. Usted sabe que en cada página solo caben unas pocas líneas porque el tamaño de las letras es considerable.  ¿Cuánto espacio necesitan en un ascensor para imprimir con su invento el número de piso? ¿cómo colocar esas letras tan voluminosas en una caja de medicina?
   
--¿y Cómo adquirir  un invidente de países tercermundistas unas máquinas especiales para escribir en su sistema? ¿Cómo va a manejar un sordociego total el ordenador o un teléfono si no ve su pantalla ni oye la síntesis de voz? Tenga en cuenta,  que para este colectivo, más  allá de la yema de sus dedos no hay nada, todo su mundo está ahí, en sus manos, se informan, se comunican a través del tacto…
 Valentin alzaba la voz en cada palabra que pronunciaba y el Padre, haciendo un gesto con la mano, señaló a Charles invitándole a expresar su opinión y así calmar el ánimo de los  dos contertulios.
  
--¿Tú no dices nada? ¿NO valdría tu sistema también?
  
Charles agachó la cabeza y humildemente respondió:
  
--No padre. A estas alturas de la vida, yo me avergüenzo de mi invento, porque en primer lugar, el fin para el que se creó no era nada bueno. Servía para escribir mensajes en la oscuridad entre soldados de un bando e idear acciones  o represalias contra el enemigo… Si también sirvió mi código para los ciegos me congratulo de ello, pero siendo honestos reconozco que el sistema Braille no tiene parangón. Louis ha sabido reducir el tamaño de las celdas, y con solo 6 puntos ha ideado un alfabeto perfecto que puede y debe estar presente en todas partes, incluso en las papeletas electorales que no tienen porqué ser distintas para la gente invidente y la que ve. Bien podrían convivir juntas en la misma papeleta letras en tinta y en Braille para que  el voto fuera totalmente secreto. Si tanto cuesta la impresión en ese sistema, si se quiere ahorrar en papel con el argumento de evitar el talado de árboles, los dispositivos con salida Braille ayudarán al sordociego a usar su ordenador con una línea; eso sí, Padre: has de hacer que estos dispositivos sean más asequibles económicamente.

   Todos quedaron pasmados ante tan sensata y humilde reflexión. La pregunta ahora era cómo hacérsela comprender a los fabricantes de máquinas, laboratorios de medicinas, jefes de gobiernos, a los
profesionales que trabajan con ciegos y sordociegos, incluso a los niños videntes que tuvieran como compañeros de aula a algún discapacitado visual.
  
Tras mucho pensar y debatir, la mente de Louis se volvió a iluminar, y con una sonrisa pícara habló así:
  
--Señor, propongo que  convoques en la Tierra un concurso de ideas para superar al Sistema Braille. Para aquél o aquella que encuentre la fórmula mágica de inventar un sustituto a mi código, el premio sería ¡Ganar la gloria!
  
Un aplauso estridente sonó en todos los rincones del cielo. Jesucristo, poniéndose en pie y alzando la voz, dijo:
  
--¡Se levanta la sesión  y se convoca en la Tierra el primer concurso de ideas para encontrar un sistema de lectura y escritura para invidentes y sordociegos
totales, que sustituya “con creces” al Sistema Braille!  La única base o requisito para participar es que su invento sea absolutamente accesible para todos y a todos los niveles. El premio al  ganador o ganadora será alcanzar la Gloria y convivir con estos tres genios. El plazo de admisión de ideas no finalizará jamás, porque estoy seguro de que no habrá quien se atreva a participar en el concurso.

Fin.

sábado, 27 de mayo de 2017

MONÓLOGO EN LA BIBLIOTECA

Un día más me sumerjo entre las estanterías de la biblioteca pública Fermín Caballero de Cuenca para homenajear a los miles de volúmenes que alberga en distintos formatos para satisfacer los gustos y necesidades de sus fieles lectores.  Como forma de homenaje escojo un monólogo que mantengo conmigo misma aunque si alguien me escucha hablar sola, no sentiré ningún pudor. Porque hablar de un
libro es hablar de un amigo, y hablar de un amigo es un orgullo, más aún cuando nos acompaña y comparte  los buenos y malos momentos de nuestra vida.
       Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre; para mí, el mejor amigo es un libro. El discapacitado vive a veces con la apatía y el aburrimiento. Tiene que llenar sus muchas horas de asueto de alguna forma. Pero, en cualquier caso, siempre hay un libro que leer. El libro es nuestro mejor maestro de la vida… Es innegable

Que leyendo siempre salimos más enriquecidos, puesto que nos documentamos. Sobre geografía, si leemos libros de viajes, sobre historia, si versan sobre esta materia, o simplemente sobre la condición humana si escogemos obras
testimoniales o de cualquiera de las relaciones humanas. Leyendo siempre se
aprende algo y nos cultivamos un poco más.

Debo aclarar que debido a mi condición de sordo-ciega, el acceso a la cultura y la información me lo permite siempre un libro en sistema Braille. Los puntos que rodean los dedos de mis manos se convierten en hermosas palabras, éstas en fantásticos paisajes, en buenas y malas gentes que pasan por las páginas del libro como si de un tren se tratase. Mis libros son amor,  odio y cansancio, malestar y bondad, pero sobretodo es una aventura, una especie de Everets que tengo que escalar poco a poco.  Y con el cansancio de haber terminado la lectura de un libro, sin casi darme tiempo a descansar, pongo  las manos sobre otro manojo de puntos, que en palabras vuelven a meterse por los poros de mis dedos, que llegan hasta esa zona de nuestro ser donde las lágrimas, la alegría, las sonrisas se construyen y elaboran. Donde las risas salen a flor de piel.

    Un libro, es un ser vivo, su exterior, las tapas, tienen la suavidad de la piel de una mujer, su interior, Contiene el pensamiento del autor, y lo escrito en él, es el alma, ya que nunca muere, vive en el tiempo infinito.

Durante mucho tiempo hubo dudas sobre la capacidad de lectura de los no videntes y más aún, de los sordo ciegos. Incluso  una revista (Matilda Ziegler Magazine for the Blind) anunciaba en 1907 la publicación de su primer número, perfecto ejemplo de aquella desconfianza Decían textualmente:

“Prescindiremos de muchos poemas y cuentos en los que se alude al sentido de la vista. Tampoco publicaremos alusiones a los claros de luna, los arco-iris, la luz de las estrellas, las nubes o los bellos paisajes, porque solo sirven para acentuar la percepción que tiene el ciego de su aflicción”.

               ¿Aflicción?                ¿Por qué?

Me revelo contra esta idea; me río de quienes piensan que la sordoceguera impide el acceso al universo mental de los que ven y oyen. El silencio y la oscuridad que, según dicen, me encierran, abren mi puerta, de una manera mucho más hospitalaria, a una infinidad de sensaciones que me distraen, me informan y me divierten. Mis tres sentidos restantes y fieles, (tacto,  olfato y  gusto, me guían fielmente en mis excursiones a esa región limítrofe de la experiencia que se encuentra a las puertas de la ciudad de la Luz. Todos tenemos ojos cuando abrimos un libro. Dejamos de lado nuestros problemas, el mundo oscuro donde vivimos, y nos metemos de lleno  en el papel de un personaje. Me pongo en su lugar, veo con sus ojos, escucho con sus oídos, vivo
sus penas o alegrías. Las casas, la gente, las montañas, el mar, las estrellas, las nubes, el arco-iris, todo se presenta ante nuestros ojos, lo imaginamos de una manera parecida al resto de la gente. Por eso es tan importante para nosotros tener los libros a mano.

    La información va del braille a la punta de los dedos, y de ahí a nuestra mente. Un libro, de cualquier índole, es, para mí, una fuente inagotable de conocimientos, a la que estamos invitados todos a beber de ella.
  
     Un libro es cada uno de los infinitos y distintos frutos que proporciona el árbol del bien y del mal que se alza, espléndido, en el mismísimo centro
del paraíso terrenal del conocimiento, plantado, regado, abonado y mantenido por el único y verdadero Dios del saber que adopta nombres y más nombres que vamos archivando en nuestra memoria.
  
    He entrado, sin miedo, en este edén y he sucumbido siempre a la tentación de la maravillosa serpiente de la sabiduría a fin de probar el máximo número posible de los frutos de ese árbol para no hablar por boca ni gusto de otro.

   Por absurdo que parezca, a veces, como lectora enamorada del libro mantengo interminables diálogos con ellos, y hasta los imagino riñéndome porque no los entiendo, riéndose de mí porque lloro con sus historias tristes; o incluso diciéndome con cierta sorna en sus letras:

    -Algunos nos tenéis miedo... Otros, aversión.... muchos, indiferencia... otros gastáis dinero en nosotros, nos vendéis o compráis para llenar armarios enteros y presumir de cultura y luego  nunca entráis en nuestros entresijos.

      Pero, ay de aquellos que, de repente, superando casi el pico más alto del mundo, la fosa más profunda del Pacífico, se arriesga a tocarnos, abrazarnos,
abrirnos, destrozarnos, y finalmente... como una aventura que nunca imaginó, leernos”.
Y no tengo más remedio que darles la razón.

Sí, yo fui una de las afortunadas que, sacando fuerzas de flaqueza, probablemente en alguna tarde de verano, casi sin planteármelo, con más calor que sueño, en alguna de aquellas siestas que la abuela nos recomendaba echar, cogí de las estanterías  un hermoso volumen rojo, donde pondría algo así como "Las aventuras de..." de algunos que luego fueron casi mis compañeros de juego, batalla, amores y guerras: Miguel Strogoff, Robinson Crusoe, o el mismo Silver de la Isla del  tesoro. O, acaso fuese Peeter Pan... Quizá los poemas de Antonio machado… No puedo recordar quién fue el primero, pero sí he volado con los libros hasta lo más alto del mundo, he navegado en tantas procelosas aguas, que casi se me juntan mi realidad con sus letras.

Los libros son esas hermosas Cajas de Pandora que, bajo sus gruesas pastas, sus hojas de presentación y título, nos conducen  por lo que queremos ser, por lo que no sabemos ser, por aquellos mundos imaginados e inimaginables que algún día, cuando de este mundo salgamos, querremos  recuperar.
            
     Algo que sí tengo para mí, es que la eternidad estará llena de vosotros, queridos y hermosos libros. la eternidad existe porque existen los libros que no podemos leer en vida.  Somos eternos, porque no podemos perdernos tanta belleza oculta en los volúmenes.

        Tengo claro que cuando parta de este mundo seguiré leyendo porque el cielo es como la Gran Biblioteca de Alejandría, donde un mosaico de laberintos, formado por cientos y cientos de publicaciones, desde el poema de Gilgamesh, papiros egipcios, libros griegos, hasta nuestra literatura más cercana, todo está allí, y es para disfrutarlo durante toda la eternidad.

Seguiría filosofando sobre vosotros, hermosos
volúmenes que ilustráis esta acogedora biblioteca; pero las normas hay que respetarlas y la bibliotecaria nos ordena salir, pues ha llegado la hora de cerrar.

-Tranquila, -le digo hablando en voz alta por primera vez desde que entré aquí-, ya me voy, pero déjame despedirme de todos estos tomos que tantas horas de mi soledad han llenado, y que he acariciado con mis manos.


Dame tiempo para prometerles que mañana y pasado y todos los días de mi vida volveré a visitarlos, acariciarlos, y en mis despedidas les mostraré mi gratitud infinita por haberme dado su saber, les diré  una y otra vez cuánto significan para mí, y finalmente les diré cómo los quiero.

jueves, 5 de enero de 2017

Homenaje a Luis Braille

Hoy día 4 de Enero es un día súper importante para los ciegos que todavía usamos el sistema Braille. Su inventor y padre nació tal día como hoy hace ya dos siglos. Quiero pues rendirle a Louis Braille mi más sincero tributo porque sin él, yo sería ahora mismo analfabeta a mis 53 años.

“La alfabetización Braille cambia mi estilo de vida”

Hasta mis nueve años, yo era totalmente analfabeta; asistía con los niños videntes a la escuela de mi pueblo, pero no tenía ni idea de lo que era leer o escribir, porque yo era ciega y no podía hacerlo como ellos.

Mis compañeros me leían las lecciones y yo las aprendía de memoria para luego recitárselas a la maestra, sin apenas saber qué era lo que realmente le decía.

Cuando se trataba de hacer un dictado, los otros niños podían hacerlo escribiendo en sus cuadernos y borrando los errores que pudieran tener. Yo, en cambio, me veía sujeta a un interrogatorio por parte de mi profesora para descubrirle oralmente las faltas de ortografía que, de haber podido escribir con mi puño y letra, hubiera cometido en dicho dictado, sin tener opción de rectificar nada, sin poder borrar ningún error, porque nada había escrito...

¡Eso no era ir a la escuela!, me aburría terriblemente mientras los demás escribían o dibujaban. Envidiaba poder hacerlo como ellos y algunas veces mi madre me daba una cartera en la que guardaba un lapicero, un sacapuntas, una goma de borrar que no me servía de nada porque no veía lo que borraba... y algunas hojas de papel.

Pero jamás fui capaz de hacer una letra, lo más que lograba era llenar esa hoja de garabatos y “rayujos”, como les llamaban mis compañeros a mis pobres escritos. Otras veces, le arrebataba a alguna niña su libro de lecturas y yo me inventaba cualquier cuento, que ya antes había oído a mi abuela o a alguna vecina, simulando leerlo en ese libro. ¡Pero no, no me sentía bien, aquello no podía durar mucho tiempo, porque yo no le veía gracia alguna!

Mi primer contacto con el sistema Braille me causó una tremenda confusión. Inesperadamente, un día mis padres me hicieron tocar con los dedos “un cartón que, por el anverso, estaba lleno de agujeros y, por el reverso, de una especie de granitos” o “pinchos!.

Lo que no recuerdo es cómo ni por qué cauce llegó a sus manos. Sólo me dijeron que “ese papel era lo que usaban los ciegos para leer”. Como no me había inscrito todavía en ningún centro especializado para ciegos y mis padres no me supieron decir qué significaba aquel cartón agujereado, a mí sólo se me ocurrió coger un alfiler de cabecilla y un papel grueso y pinchar y pinchar, tratando de hacer una réplica o simulacro de aquello. Pero no, eso no era igual que lo que me enseñaron mis padres en otro momento. Por más cuidado que ponía en ello, nunca lograba formar más letras que la A, las demás nunca tenían la misma forma que las del cartón.

Pasados unos meses, ya pude ir a un colegio de niñas ciegas de Valencia y allí fue donde me dijeron que aquél cartón con agujeritos y granos sería, desde ese momento, el alfabeto con las letras del sistema Braille, un alfabeto diseñado para nosotros, los ciegos, y por el que yo tendría acceso a la lectoescritura y, por lo tanto, a mi formación y cultura.

Aquella salida del analfabetismo me hizo comprender desde entonces que ya sería igual que el resto de niños con los que antes fui a la escuela, que ya podría escribir y leer como los videntes, solo que con otras técnicas y con otro sistema distinto al suyo. Ahora ya no me aburriría en la clase, porque ya tenía un método para escribir y leer las mismas lecciones que leían los demás niños. Me entusiasmó sobremanera este nuevo reto.

Primero con pauta y punzón (pizarra y lezna llamaban entonces los de mi pueblo a estos instrumentos), luego con máquina Perkins y ahora con ordenador, he ido dominando este sistema hasta llegar casi a la perfección. He sido instructora de Braille en la Agencia de la ONCE de Cuenca y posteriormente me dediqué, durante una corta temporada, a transcribir libros deteriorados y pasarlos a limpio para la entonces Biblioteca Central Braille de la Entidad en
Madrid.
            
Actualmente puedo decir que el sistema de lectoescritura Braille es lo básico, lo esencial en mi vida cotidiana, y que me acompaña las 24 horas del día. Sin el maravilloso invento de Louis Braille, yo no habría sido nada ni nadie en esta vida.

Puedo saber la hora en mi reloj, porque su esfera está marcada en Braille; la temperatura ambiente o de mi cuerpo con el termómetro, la del horno de la cocina... Tengo acceso al ordenador gracias a la línea Braille de mi Braillelite..., todos los instrumentos antes mencionados están marcados con el sistema Braille. También tengo libros de texto que me amenizan los muchos ratos de ocio y de soledad... Puedo hacer cálculos matemáticos con una caja de aritmética, que tiene una especie de fichas y éstas, a su vez, llevan por una cara los números de los videntes del 1 al 0 y los signos de cálculo matemático y, por la otra cara, llevan dichos números en sistema Braille.

Debido a mi dificultad para comunicarme con los demás en sitios ruidosos, he adquirido también unas placas con el alfabeto Braille y, así, puedo entenderme con cualquiera que sepa leer y escribir, cogiéndome el dedo índice y señalándome las letras del mensaje que quieren transmitirme y que mi oído no capta en ese momento. Las tarjetas para pedir ayuda en la vía pública están también señalizadas con este sistema, para que yo sepa en cada momento qué tipo de
ayuda puedo pedir levantando esa tarjeta a la altura de mi hombro. Puede ser ayuda para cruzar una calle, para que me acompañen a la parada de autobús más cercana, para preguntar dónde estoy ubicada en ese momento... Todas y cada una de las tarjetas incluyen el mensaje de petición en tinta y en Braille.


Mi baraja, mi parchís, las cartas del tarot me permiten jugar con los videntes con sólo tocar los números en Braille, cosa que ha causado admiración y a veces desconcierto entre los jugadores con visión perfecta, pues no se explicaban cómo, de vez en cuándo, podía hacerles alguna trampilla en el juego sin que se dieran cuenta.

Debo decir que, además de ser ciega, soy también sorda parcial y no me es posible manejar los aparatos mediante el sintetizador de voz, por lo que el sistema Braille es de todo punto mi única salida al mundo exterior y casi mi único contacto con la sociedad. Mi vida, pues, gira en torno a este sistema.

¡Bendito sea Louis Braille por habernos salvado a muchos del aislamiento total o parcial causado por unas limitaciones tan serias como la ceguera y la sordoceguera.


Fdo.: María Jesús Cañamares Muñoz.




domingo, 4 de mayo de 2014

¡Y se armó la revolución!

Como cada día vengo a esta portería para desempeñar mi trabajo. Me preocupa Lucía; ¡pobrecilla, qué bien le queda su nombre! El sol brillaba para ella hasta hace un año en que sus ojos dejaron de ver la luz afectados por un glaucoma. 

Desde entonces no sale a la calle. 

Parece que el mundo tampoco quiere saber de ella; no recibe visitas, ni llamadas telefónicas  de los que antaño fueron sus amigos. Desconfía de todo y de todos; sólo una persona  la visita un día en semana cargada de equipaje. Pero…, ¡esperen, luego les sigo contando, se han colado por aquí cuatro… “desconocidos”!

¡Eh!, ¿adónde van?

¡Al séptimo, a visitar a lucía Sordo del Ojo!

¿Pueden identificarse, por favor? Si no lo hacen, no suben.

Yo me llamo Braille; soy un sistema táctil para que Lucía lea y escriba. NO me mire con esa cara asustada, mujer;; esos agujeros que ve en mí los hizo Louis braille, mi difunto padre. Era un portento de inteligencia, ¿sabe? Quedó ciego a los 3 añitos y me creó a mí con el encargo de que sacara a sus colegas de la ignorancia y les abriera la puerta a la cultura y la formación. Con papel, una pauta, punzón y sólo seis puntitos, le puedo decir muchísimas cosas –dice uno de ellos muy ufano.

Nosotros somos Jaws, Talks y NVDA –dicen los otros tres- Somos lectores de pantalla, parlantes como puede oir.

NO habían formulado la última palabra, cuando el llamado  braille se metió descaradamente en los botones del ascensor; los otros lo siguieron con igual desenfado, hablando como loros.

¡Oigan, alto!, ¿porqué se instala ahí sin permiso, señor braille? ¿porqué se lleva detrás a sus compañeros?

¡Porque Lucía nos necesita, señora!

¡Salgan inmediatamente! –grito furiosa.

¡Sí,  no se preocupe; saldremos en cuanto cumplamos nuestro cometido.

Dicho esto, el ascensor arrancó dejándome plantada en mi portal. No,  eso no podía ser; tenía que subir, ¿qué se habían creído?

Pero, ¡Dios mío!, ¿qué pasa aquí?: Braille corría por la casa, metiéndose en la despensa y agarrándose a todo frasco o lata que encontraba; en las cajas de medicinas que lucía tomaba; en sus perfumes… ¡NO podía creer lo que veía! Los otros tres gritaban como posesos:

¡Escritorio, presentación en lista, mis documentos: uno de veinte –decía Jaws-.
  
¡Bandeja de entrada, mensajes, fulanito de tal!: dos de seis –cantaba NVDA-.

¡Llamando a Mercedes  tiflo, opciones: tecla uno, llamar; tecla dos cancelar, -vociferaba talks-.

Lucía reía y saltaba como una niña, y yo me ofuscaba por momentos, pues no salía de mi ignorancia en todo este asunto. Le Pedí explicaciones pero su risa fue la respuesta. En cambio la oí decir:

¡Socorro, Mercedes, ven, por favor, pon orden en casa; la portera está histérica y yo no puedo callar a estos lectores!
¡Menos mal que al fin, alguien me explicaría qué estaba sucediendo!
  
Al poco, llegó Mercedes, y subimos juntas al séptimo,. Por el camino me iba explicando que ese alboroto se acabaría en cuanto ella pusiera orden y dijera a cada cual el papel que habría de desempeñar en la casa para que Lucía fuera independiente. Ella nos recibió esta vez con un regocijo que me exasperó, pues con el vocerío y las risas teníamos a varios vecinos asomados a la puerta, con caras de asombro unos, y de malhumor otros. Mercedes ordenó.

¡Calma, todos  a sus  sitios! Señor Braille: Usted es el rey de la casa, el jefe de la banda;   sin su orden, nadie ha de moverse. Lucía usará todos los instrumentos con su ayuda; no se mueva de sus medicinas para que no se equivoque al tomarlas. Ni se le ocurra borrarse de las latas de conservas, porque algunas, no puede comerlas. Tiene que estar presente en los comicios electorales, porque ella nunca ha ejercido su derecho de decidir quién quiere que nos gobierne; sin usted, no puede votar secretamente como nosotros. NO se vaya de sus libros, porque ahora va a leer y estudiar por sí sola.

Señor Jaws: métase en esa máquina, y cuando salga algo en la pantalla, léalo con su potente voz de eloquence o con la que quiera, pero lea absolutamente todo, incluso lo que Lucía escriba. Si lo necesita, el amigo Braille estará con usted para que ella lea con los dedos en su línea braille cuanto dice el ordenador.

Señor NVDA: tiene la misma función que su compañero Jaws, solo que cuando él hable, usted estará callado. Hágase a la idea de permanecer en un segundo plano.
A NVDA esto le debió parecer muy mal, porque a nadie le gusta estar en segundo plano; emitió una especie de rugido, pero la hábil Mercedes, dándole un “botonazo”, lo dejó mudo.

Señor Talks: usted tiene la obligación exclusiva de permanecer en este teléfono siempre, y sólo hablar cuando se le pida. No salga ni  moleste a sus compañeros.

¡Tecla uno: sí; tecla dos: no! –dijo talks divertido ante tanta orden.

Mercedes dio rápidamente a la tecla uno, y Talks calló.

YO no salía de mi asombro al  ver a Lucía en una nube de felicidad. Hacía tiempo que no la veía sino llorar lamentando  su ceguera. Me abrazó estrechamente y en ese abrazo también se unió mercedes, la Instructora Tiflotécnica de la ONCE.

Ahora sí que soy afortunada; podré volver a mis estudios y a mis juegos; cocinaré porque tendré recetas de cocina en braille, parlará mi termomix y podré saber los colores de mi ropa poniéndole etiquetas con Braille…  ¡ahora  podré ser independiente, gracias a todas estas ayudas que cambiarán mi vida completamente!


Señores lectores: queden ustedes con Dios, que yo me voy corriendo a la ONCE para aprender el sistema braille; vayan a saber si algún día no puede pasarme a mí como a Lucía, y no quisiera estar desprevenida.

Relato de María Jesús Cañamares Muñoz