Os presento mi relato presentado al concurso "El bolao" de la Biblioteca Fermín Caballero de Cuenca, ha quedado finalista:
María Jesús Cañamares Muñoz
Llevo el móvil conectado porque mi padre decía que nunca se sabe.
Cuando murió, encontré ciento diecisiete alarmas programadas. No eran para las pastillas ni para las citas del médico. Eran para mí.
«Tu cumpleaños». «El primer día de colegio de Martín». «Cuando vendas la casa». «Cuando tengas miedo». «Cuando vuelvas a enamorarte».
Las borré todas menos una. Estaba fechada treinta años después de su muerte.
Durante años olvidé aquella alarma. Tuve hijos, enviudé, cambié de ciudad. Aprendí a vivir con la ausencia hasta que una madrugada, mientras dormía, el teléfono vibró sobre la mesilla.
Abrí los ojos. En la pantalla solo aparecía:
«Ahora sí puedes desconectarlo».
Me quedé mirando esas palabras.
Entonces entendí que mi padre no había querido dejarme instrucciones para vivir sin él. Había dejado pequeñas formas de aparecer, una por cada cosa que temía perderse.
No podía acompañarme. Pero había encontrado la manera de llegar a tiempo.
Apagué el móvil.
Por primera vez en treinta años, la casa se quedó completamente en silencio.
Y aquel silencio no dolió, como si alguien cerrara una puerta despacio.
Añil

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