domingo, 4 de noviembre de 2012

Un Mensaje a la Conciencia

por el Hermano Pablo

Su mundo fue un mundo de silencio. Desde el vientre materno estuvo privada del oído. Nació sorda, y vivió sin poder tampoco aprender a hablar. Los sonidos para ella no existían. Desde muy pequeña su único lenguaje era el de los signos. Así Sandra Smith, de Sudáfrica, vivió sin oír y sin hablar.

Un día el amor llamó a su puerta. Sandra se enamoró de Kenneth Conrad, compañero de estudios en la universidad. Como soñaba con el día en que Kenneth le propondría matrimonio, mentalmente ensayó decir con la voz y con los labios: «Sí.» El día llegó. Kenneth, arrodillado, le preguntó por señas: «¿Quieres casarte conmigo?» Y Sandra, por primera vez en su vida al oído de otro, aunque no podía oírlo ella misma, pronunció un sonoro «sí».

Esta no es sólo una historia de romance. Es también una historia de tesón, de determinación, de esperanza, de fe. Es una historia del mágico poder que tiene el amor. Sandra, joven universitaria de veinte años de edad, sabía que era sordomuda. Pero se preparó mentalmente para el día en que pronunciaría, cuando menos, una sola palabra. Y cuando el hombre de sus sueños le propuso matrimonio, rompió el silencio de veinte años y habló para decir: «Sí».

Decir «sí» o «no» puede cambiar el destino completo de una persona. Si un joven le dice «no» a la primera invitación que se le hace a probar cocaína, y sigue diciendo firmemente «no» a toda otra invitación posterior, se librará del funesto vicio.
Si una adolescente aprende a decir «no» a cualquier requerimiento malsano que le hace el joven, se librará de la pérdida de la pureza y del embarazo fuera del matrimonio. El «sí» y el «no» pueden tener enormes repercusiones. El poder de un «no» puede salvarle la vida.

Hay otro «sí» y otro «no» que tienen consecuencias eternas. Son el «sí» o el «no» con que respondemos a la invitación divina. La invitación es esta: «Dame, hijo mío, tu corazón y no pierdas de vista mis caminos» (Proverbios 23:26). Responder con un «no» es negarnos eternamente la paz que Dios nos quiere dar. En cambio, responder con un «sí» es encontrar la razón de nuestra existencia, es encontrar la verdadera felicidad, es encontrar a Dios. Respondamos con un «sí» a la invitación divina. Es nuestra única salvación.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Flores y dulces para nuestras ánimas

Hola: Hoy quiero contaros cómo se celebra en mi pueblo la festividad de todos los Santos. Es una fecha triste, llena de silencio, de recuerdos, de flores en el cementerio, de dulces que, según los mayores del lugar, han de hacerse para que Las Ánimas los coman por las noches cuando nos visiten...

  Digo que es una fecha triste, porque creo que dramatizamos demasiado la muerte. En otros países de América y de África, la muerte es celebrada con bailes, comidas abundantes y jolgorio, ya que simboliza un encuentro del fallecido con Dios o con aquellos ídolos religiosos a los que ellos adoran. Pero en España, la muerte representa para nosotros un verdadero trauma.

Yo he vivido tiempos en que al difunto se le velaba en su propia casa durante todo el día si fallecía de madrugada, durante la noche, y después pasábamos 3 noches más rezando oraciones en la casa aunque él o ella no estuvieran ya en cuerpo presente. Ahora, la mayoría de familias llevan al ser perdido a un tanatorio donde los familiares lo velan pero con todas las comodidades: hay sofás donde sentarse, bar para tomar algo, y además de la limpieza de la sala se encargan trabajadores y no los mismos familiares como harían en su casa.

  Pero se sigue dramatizando la muerte, algo que no debería ser así porque para mí, la muerte no es más que el fin del ciclo vital. Igual que un reloj dura andando mientras tiene la maquinaria en óptimas condiciones, pero deja de caminar cuando ésta falla, de la misma manera nuestro cuerpo tiene vida mientras el corazón camina y el cerebro da órdenes a los demás miembros. En el momento en que el corazón deja de latir, el ciclo vital se termina. Es ley natural que todos deberíamos aceptar sin mayor dramatismo. Yo no sé si habrá o no otra vida más allá de la muerte, yo no lo creo, pero si la hay, deberíamos morir con alegría, ya que en la segunda vida nos reencontraríamos con nuestros seres queridos.

  Pero vayamos a la festividad de todos los santos.

Aquí en Jábaga, la víspera, se llevan flores al cementerio: unas, naturales, que los propios vecinos cultivan en sus huertos. Otras, también naturales pero de floristerías. Y otras artificiales que si bien no son tan bonitas, duran todo el año, o a veces más, sin estropearse. El camposanto se llena de colores y vida gracias a estas flores y da la sensación de que uno está en un jardín, aunque los cipreses y las lápidas, pronto nos recuerdan que es el campo donde descansan nuestros familiares y amigos.

  El día 1 de Noviembre, se celebra la Misa por todos los difuntos.

Por la tarde, los vecinos vamos al cementerio precedidos de nuestro Párroco quien por el camino va rezando el santo Rosario. Llegados ahí, se cantan unos responsos y ya cada vecino se dirige a las lápidas de sus familiares pero conversando, visitándose de unos a otros, e incluso ya cae alguna sonrisa por algún dicho o acontecimiento.

  Al bajar del camposanto, en la mayoría de las casas del pueblo se suele preparar todo tipo de dulces para esas fechas: buñuelos de viento, huesos de santo, puches, chocolate, picatostes... Naturalmente somos nosotros, los vivos, quienes nos los comemos o cenamos, pero la costumbre popular y muy antigua es que éstos se preparan para que las ánimas “mojen los picatostes en los puches y el chocolate”.

  Algunos amigos o familiares cocinan en una casa y se reúnen un montón de gente para comer y festejar esta noche de embrujos, espiritismo y, en muchas ocasiones, tristeza por la ausencia de estos seres a quienes tanto queríamos y ya no están.

  ¿Qué son los puches?
Aquí os dejo la receta por si los queréis probar. Tienen algunas pequeñas variantes según los gustos, por ejemplo, hay quien los hace con agua, o quien los prepara con leche. Hay quien les echa azúcar, o quien les echa miel para endulzar. También hay quien echa un poquito de chocolate en polvo junto con la leche o el agua para que los puches sepan a chocolate... En fin, que sobre gustos no hay nada escrito:

Receta de puches.
Ingredientes
3 cucharadas soperas de harina
3 cucharadas soperas muy colmadas de azúcar o miel
100 ml de aceite de oliva
Un trozo de pan de pueblo del día anterior
250 ml de agua o leche
Canela para adornar


Preparación

1. Cortar el pan en cuadrados pequeños —en casa los llamamos chicharrones—.
2. Freírlo en una sartencilla con aceite de oliva bien caliente. Retirar del fuego en seguida para que no se queme. Poner a escurrir en un papel de cocina.
3. Quitar un poco de aceite y dejar en la sartén el equivalente a tres cucharadas soperas.
4. A continuación poner la harina y el azúcar, y dejar que se tueste a fuego medio, dándole vueltas con una cuchara de madera.
5. Cuando esté tostado y la harina haya perdido su sabor, echar el agua templada, y poco a poco, con unas varillas, ir formando una masa, dándole vueltas hasta que espese.
6. Retirar del fuego cuando empiece a hacer burbujas.

Se sirve caliente en un recipiente de barro, espolvoreando canela y con el pan frito por encima. A mí personalmente la canela no me gusta, por lo tanto aquí no se le echa.

  ¿Qué son los picatostes?

Ahora os lo cuento. A mí me encantan.
y fijaros que es una recetas super sencilla, porque es pan frito, pero el secreto es que en mi pueblo se usa el pan pan ( que es pan de pueblo) que tiene una miga más compacta.

También los puedes hacer con pan de barra, lo que pasa es que la rebanada es más pequeña, y claro el sabor no es el mismo.

Los ingredientes para hacer los picatostes son:

-Pan pan
- Aceite de oliva

La elaboración es muy sencilla, cortamos las rodajas del pan pan y las freimos en abundante aceite.
Los escurrimos en papel absorbente y los ponemos en un plato le hechamos un chorreón de vino tinto o blanco como tu prefieras, y azúcar por encima espolvoreada.

¡Que os aproveche!

martes, 30 de octubre de 2012

CUMPLIMOS 1 AÑO CON EL BLOG

Mis queridos lectores: hoy estamos de fiesta.
Nuestro blog, ya ha cumplido su primer año de andadura por la red, y quiero festejarlo con todos los que me seguís día a día, semana a semana, mes a mes.

Si bien es cierto que la vida del blog se la debo a Javier, mi buen y querido amigo, que a su vez es el que lo ha creado y lo trabaja mayormente, también es cierto que sin vuestras visitas y vuestra lectura, este blog no tendría razón de ser.

Por lo tanto os invito a todos a la mesa, a esta mesa virtual, donde tenéis servida una gran tarta para que os hartéis de comer, y unas botellas de champán para brindar por la continuidad de este blog, al cual iremos aportando poco a poco cosas de interés.

Ya sabéis que podéis dejar vuestros comentarios con lo que os guste o lo que no, acepto sugerencias con tal de complaceros o serviros en algo.

¡Cumpleaños feliz, mi blog!

sábado, 27 de octubre de 2012

¿Se dice ciego o no vidente?

¿Se dice persona discapacitada o con capacidades diferentes?

¿Suena mejor pueblos originarios que aborígenes?

¿En el grupo de la facu tenemos un amigo que es gay, o es homosexual?

Muchas veces, en un intento de "no discriminar", usamos palabras que terminan resultando exageradas, inapropiadas o que, incluso, son más peyorativas de lo que imaginamos.

Buscando echar luz a esta dialéctica lingüística, Los Andes consultó a diversas organizaciones y especialistas que explicaron cuáles son, según casa caso, los términos apropiados.

Veamos entonces. En el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra discapacitado está referida a una persona "que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas". En este sentido, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) recomienda, justamente, utilizar el término discapacidad para referirse a una persona de dichas características.

"Como consecuencia de la carga negativa que conlleva la palabra discapacidad, esta se ha querido reemplazar con expresiones como 'persona excepcional', con 'capacidades diferentes', con 'necesidades especiales'. Terminología eufemística que invisibiliza a la persona con discapacidad, al emplear vocablos alejados de la realidad", explica un documento del organismo llamado "Buenas Prácticas en la Comunicación Pública".

Que además detalla: "Hablar de capacidades diferentes puede llevar a pensar en determinadas características sobresalientes, no habituales, incluso sorprendentes, a la vez que subraya la diferencia partiendo de un criterio de normalidad en cuanto al uso de las capacidades humanas".

En tal sentido, Germán Ejarque, presidente del Consejo Provincial de las Personas con Discapacidad, opina que si bien para él las palabras no definen nada sí es partidario de llamar a las cosas por su nombre. "Lo correcto es decir persona con discapacidad.

Eso de capacidades especiales, por ejemplo, a mí me suena a superhéroe. Se debe hacer eje en la palabra persona (ya que eso es) y luego, si es necesario, especificar cuál es la discapacidad: visual, motora, auditiva", detalla Germán, quien además de presidir el Consejo es una persona con discapacidad. "Los términos que para mí sí son peyorativos son minusválido, que significa 'vale menos', e inválido, que es 'sin valor'. Pero más allá de las palabras hay que tener cuidado en la forma de tratar a la persona, ya que muchas veces se la infantiliza", asegura Ejarque.

Siguiendo la misma línea del funcionario, el Inadi enfatiza en sus páginas: "Es necesario que la terminología utilizada comunique que las personas con discapacidad son, ante todo, personas que viven, sueñan, estudian, piensan, trabajan, tienen familia y son parte de un todo. No son sólo su silla de ruedas, su audífono, su bastón, su forma diferente de expresarse".

Sol Delgado, que trabaja en el ministerio de Cultura, estudió terapia ocupacional un tiempo y ahora está preparando un ciclo de cine inclusivo, acota: "El ciclo es para ciegos, ya no se dice más 'no-vidente'. Se volvió al lenguaje simple: ciego, sordo, mudo".

Indio, indígena, aborigen

Tal cual señala el Inadi, 'indios' es una de las primeras denominaciones utilizadas despectivamente para referirse a algunos Pueblos Naciones Ancestrales. Lo correcto, lo oficial, lo adecuado es, según la Organización de las Naciones Unidas, decir "pueblos originarios".

"Esta denominación es la que más nos gusta, aunque la ONU también aceptó 'comunidades indígenas'. De hecho, la entidad que nos representa en Argentina se llama Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI). Así que ya nos adecuamos a ese término. 'Indio' es discriminatorio, pero depende de cómo se utilice la palabra, y aborigen todavía se usa", indica Jorge Lauen Correas, encargado del Área de Pueblos Originarios de la Municipalidad de Las Heras.

En este aspecto, el Inadi hace un análisis socio-cultural mediante el cual relaciona al indígena con el denigrantemente llamado 'negro villero': "Como consecuencia del despojo de sus tierras y recursos, la pertenencia a un pueblo indígena se convirtió en sinónimo de ser pobre, sumando los atributos discriminatorios con los que se suele estigmatizar a la pobreza: vago, delincuente, ladrón, ignorante. Los epítetos 'cabecita negra' o 'negro villero' se relacionan con la migración interna hacia las ciudades de quienes fueron expulsados de sus tierras (territorios ancestrales)".

Viejos son los trapos

Según establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), a todo individuo mayor de 60 años se lo puede llamar "persona de la tercera edad". El Inadi es, en este sentido, más específico y al mismo rango etario la califica bajo el rótulo de "adulto mayor". Sin embargo, en una reciente consulta realizada Los Andes al médico gerontólogo Félix Nallim, el profesional explicó que si bien el término 'viejo' se relaciona con un trasto arruinado, es el adecuado para nombrar a ese grupo poblacional.

Nallim, que es presidente de la Sociedad Gerontológica Argentina, diferenció entre el 'viejo-joven', que es el que tiene menos de 80 años, y el 'viejo-viejo', que supera los 84.

Fuente: http://www.losandes.com.ar/notas/2012/7/29/como-decir-ciego-vidente-657398.asp

domingo, 21 de octubre de 2012

Discapacidad no es incapacidad

Discapacidad no es incapacidad´ afirma primer juez invidente en Cusco

Con el lema "discapacidad no es incapacidad", inició sus funciones el Dr. Edwin Béjar Rojas, primer juez invidente en el país, en el Tercer Juzgado de Familia del Cusco.

El profesional, en breve palabras a la prensa dijo "voy a poner en práctica lo mejor de mis conocimientos, de todos los estudios realizados para realizar una adecuada labor, se que esta es el primer caso de un juez invidente, en el país y luchare porque sea exitosa", dijo

"Se nota índices muy altos de violencia, casos de menores abandonados, divorcios, separaciones convencionales; quiero que tengan la seguridad que cuando me toque administrar justicia lo haré con imparcialidad, honestidad y probidad.", agregó.

Edwin Béjar, refirió " La vida esta llena de dificultades, lo más importante es aprender a sobrellevarlas y sobreponerse, cuando uno persiste es posible conseguir objetivos grandes. Esto, nos permitirá demostrar en nuestro país, que la discapacidad no es sinónimo de incapacidad", culminó.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Samuel Valencia es un joven universitario

Samuel Valencia es un joven universitario ciego sordo que aprendió a comunicarse con el mundo, gracias al apoyo y a las manos de su hermano. Juntos, enseñan la lengua de señas y comparten su experiencia de vida con optimismo y alegría. Crónica de vida.

GINNA TATIANA PIRAGAUTA G.

LA NACIÓN, NEIVA

“A los cinco años de edad quedé sordo. Yo creía que era algo normal porque comprendía lo que las personas me decían. Pensaba que mi vida sería igual a la de un oyente. No aprendí lengua de señas porque podía comunicarme. Pero Samuel Valencia junto a su hermano Dayilmar Álvarez enfrenta la vida sin barreras, cuando perdí la visión me encerré totalmente”, asegura Samuel Valencia con tranquilidad, a través de sus manos.

Samuel tiene 26 años, es estudiante de Tercer Semestre de Psicología en la Universidad Manuela Beltrán de Bogotá y es una persona ciega y sorda. Él desarrolla su vida con normalidad y fortaleza mientras construye los sueños para su futuro junto a su hermano Dayilmar, su fiel acompañante.

“Cuando tenía 17 años de edad, después de cinco cirugías, los médicos determinaron que yo no volvería a ver. Permanecía todo el día en casa. Durante dos años estuve en mi cama. Comía muy poco y no me comunicaba con nadie. Me sentía muy mal. Triste. Lo único que quería era morirme”, expresa Samuel a través de un profesional en lengua de señas.

“Pensé que mi vida se había acabado. Creía que la única salida era ahorcarme. Mi futuro era incierto. Yo pensé  que se había terminado la comunicación con el mundo. Era muy difícil. No creía que fuera posible ningún proceso comunicativo. No sabía cómo enfrentar el futuro”.

Esperanza


Dayilmar aprendió empíricamente la lengua de señas para ayudar a comunicar a su hermano.
“Cuando quedé discapacitado no tenía ninguna comunicación. Mi hermano desde muy pequeño me acompañó siempre y siempre estuvo interesado en aprender el lenguaje de señas. A medida que crecía me acompañaba a reuniones. Copiaba lo que decían y poco a poco, trabajando juntos, me explicaba todo.

“Me adapté a la forma en que movía las manos y después de un tiempo para mí fue normal comunicarme con él, pero nunca aprendí una estructura como tal. Yo pensaba en cómo iba ser un profesional sino me podía comunicar efectivamente. Tenía pena por lo que mi familia veía de mí, por mi pesimismo”.

“Gracias al apoyo de mi mamá ingresé a la Asociación de Sordos y Ciegos, allí conocí personas iguales que se esforzaban por estudiar y por trabajar. “Eso me sorprendió mucho. Pensé que yo también podía hacerlo. Medité mucho y me arrepentí de haber deseado la muerte. Vi una posibilidad hacia el futuro, de cambiar mi vida. Gracias a la asociación aprendí a manejar el lenguaje de señas, a leer y a utilizar el bastón. Me interesé bastante por mí”.

Retos

“Comprendí muchas cosas. No pensé nunca más en que no podía, sino por el contrario, en que habían muchas cosas por hacer. Que era difícil, pero que tenía que esforzarme con sudor, con trabajo y dedicación. También tenía fortalezas, como mi inteligencia. Así fuera un minuto, una hora o un mes que yo viviera tenía que aprovecharlo para aprender a desenvolverme”.

“Si seguía en la cama, durmiendo y quejándome, con pereza y ganas de morirme no lo iba a lograr. Saqué afuera todo eso y mi objetivo fue levantarme con fuerza. Ingresé al colegio a estudiar. La primera vez lo hice con estudiantes sordos. Yo era el único sordo ciego. Ellos me enseñaron a relacionarme, a entender su cultura, a aprender el idioma e interactuar. Fue muy grato”.

“Nunca más pensé en que no podía hacer las cosas. Tenía claro que quería progresar y salir adelante. Ese era mi objetivo. Muchas personas no conocen el significado de ser sordo ciego. Me preguntan ¿Usted por qué? ¡Es raro! ¿Por qué utiliza las manos?”

“Una persona ciega tal vez es normal, pero ser sordo ciego no. Yo tenía que generar una identidad de progreso y que las personas entendieran mi condición. Cuando logré mi cartón de bachiller fui muy feliz. La Fundación Neuroarte me apoyó e ingresé a laborar. Quería hacerlo. Enseño lengua de señas y habló de mi experiencia en muchos lugares”.

“La fundación me apoyó en el ingreso a la universidad, le paga a mi hermano por mi servicio de interpretación y otros gastos que necesito. Estoy estudiando Psicología para entender mi cuerpo e interiorizar con meditación mi condición.”

Futuro

“Yo necesito desarrollarme mucho más. Quiero aprender a manejar perfectamente los sistemas y trabajar como profesor lingüista. Ir a la biblioteca, viajar a diferentes lugares. Mi situación cambió mucho y mejoró. Esto fue gracias a Dios porque me dio la oportunidad de vivir y derribé el pensamiento negativo hacia uno positivo”.

“Hay muchas imposibilidades en el mundo. Nunca conocí la forma de vida de una persona sordo ciega. Sin embargo, tiene características bonitas. Tengo una relación desde hace cuatro meses. Mi novia tiene un nivel muy básico en el lenguaje de señas. Antes no sabía nada y siempre me escribía en la palma de la mano. Yo le he enseñado y su nivel avanza”.

“Yo comparto mi experiencia personal porque muchas personas en Colombia atacan la discapacidad. No piensan que hay más allá. Hay que romper el estigma y avanzar. Es necesaria la inclusión en Colombia y la educación para las personas en condición de discapacidad”.

“Me siento orgulloso porque comparto con muchas personas y esa es una nueva perspectiva de la discapacidad. Esto me permite crecer. Yo tengo una vida normal. Mi vida puede ser como la de cualquier persona oyente. Hay que romper el estigma de que no se puede”.

Compañeros y amigos

Dayilmar Álvarez es el hermano menor de Samuel, su incondicional acompañante y la persona que le permitió conectarse nuevamente con el mundo. Él trabaja como intérprete de señas de su hermano y de otras personas con discapacidad auditiva.

“Mi experiencia inició cuando tenía 15 años. Empecé a trabajar con Samuel y aprendí el lenguaje de señas poco a poco, junto a él. Asistía a sus reuniones y aprendí mucho. Trabajé dos años en Neiva en una fundación, haciendo la divulgación de un programa que se desarrolló con la Secretaría de Educación Departamental, para la socialización de la lengua de señas en el Huila. Esto me permitió trabajar con muchas personas en condición de discapacidad auditiva. Cuando regresé a Bogotá inicié mis estudios de Comunicación Social y en las mañanas trabajo como intérprete”, aseguró Dayilmar.

Con amor y mucha disposición acompaña a su hermano. Está pendiente que su opinión sea expresada de manera clara. Es un apasionado de la comunicación y la inclusión de las personas en condición de discapacidad. Aprendió a desarrollar una labor por amor fraternal y de la misma manera la comparte con muchos colombianos.

Resaltado: Según el censo del Dane de 2005, en el país existen 2,9 millones de personas con discapacidad, quienes representan el 6,4% de la población colombiana. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de Profamilia (Ends) de 2010, señala que el porcentaje es del 7%, es decir, más de tres millones de colombianos.